El protagonista de la historia es el bombero Montag, cuya función en este mundo alternativo, en dónde los Estados Unidos de América no son como los conocemos, es quemar libros.
A través de la novela observamos los cambios que sufre en su pensamiento y personalidad al conocer a la joven Clarisse y el impacto que le causa la acción de una mujer que prefiere morir consumida por el fuego junto con sus libros. También conocemos el origen de las brigadas de bomberos; a Mildred, la esposa de Montag; detalles sobre Clarisse y su familia; y, parte del estilo de vida de la sociedad en la que vive el protagonista, en donde se prefiere el placer virtual que el real o el conocimiento.
La curiosidad que despierta Clarisse en Montag causa que este guarde de manera ilegal algunos libros y esto lo convierte en enemigo del Estado, por lo que tiene que huir con la ayuda de un viejo amigo (el entrañable Faber). Finalmente encontrará a disidentes como él, quienes tienen una misión muy especial en esta historia.
Fahrenheit 451 forma parte de la trilogía distópica por excelencia, aunque como leeremos más adelante en este blog, probablemente se trate de una tetralogía: Fahrenheit 451, 1984, Nosotros y Un mundo feliz (este es el orden de lectura recomendado).
Respecto a las ediciones de este libro, leí la de DeBolsillo, con la traducción revisada de Alfredo Crespo (la misma traducción la utiliza Plaza&Janés), la cual es buena, sin embargo, considero que la de Francisco Abelenda en Minotauro es más adecuada, ya que trata de crear y ajustar los conceptos tecnológicos y técnicos que usa Bradbury en la versión en inglés, en cambio Crespo emplea una descripción para dar a entender los términos novedosos de la obra original. Además, la traducción del título de la primera parte (It was a pleasure to burn) que hace Crespo (Era estupendo quemar) le quita fuerza, a diferencia de como la titula Abelenda (Era un placer quemar).
Las frases que me gustaron:
No son libros lo que usted necesita, sino algunas de las cosas que estuvieron en los libros...
No son libros lo que usted está buscando. Búsquelo donde pueda encontrarlo, en viejos discos, en viejas películas y en viejos amigos; búsquelo en la naturaleza y búsquelo por sí mismo.
Los libros sólo eran un tipo de receptáculo donde almacenábamos una serie de cosas que temíamos olvidar. No hay nada mágico en ellos.
Cuando muere, todo el mundo debe dejar algo detrás... Algo que tu mano tocará de un modo especial, de modo que tu alma tenga algún sitio a donde ir cuando tu mueras.
Es lo maravilloso de la humanidad: nunca se desalienta o disgusta lo suficiente para abandonar algo que debe hacer, porque sabe que es importante y que merece la pena hacerlo.
Todos nosotros tenemos memorias fotográficas, pero nos pasamos la vida entera aprendiendo a olvidar cosas que en realidad están dentro.

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