La entrega 9 de Novelas Eternas es una de las obras menos apreciadas de Jane Austen. Al parecer el título original iba a ser Susan, pero los editores decidieron cambiar el nombre por el ya conocido debido que consideraron tendría mayor impacto (además de que al dejar pasar mucho tiempo desde su recepción hasta su publicación, apareció una novela llamada Susan y Austen tuvo que cambiar el nombre de la protagonista y existe aún debate sobre su aporte en el título final del libro).
Es una novela un tanto experimental (que entra en la categoría de novelas de crecimiento o formación, aunque algunos expertos la consideran una sátira de novela gótica), ya que la autora se permite ciertas libertades y conceptos novedosos respecto a sus anteriores obras, lo cual hace que su lectura no sea tan sencilla en inglés y por tanto traducirla al español tampoco ha sido fácil, aunado a que se hacen referencias que ya en los años de su publicación eran consideradas anticuadas o fuera de moda, lo cual complica aún más este trabajo (se recomienda leer antes: Evelina, de Fanny Burney; Los misterios de Udolfo, de Ann Radcliffe; y La mujer Quijote, de Charlotte Lennox, ya que durante La abadía se mencionan y parodian).
No hubo una traducción al español hasta 1921, cuando Isabel Oyarzabal la realiza para editorial Calpe (reconocimiento especial para ella, activista, periodista, actriz y escritora, hija de padre español y madre escocesa, nacida en Málaga y exiliada hasta sus últimos días en México debido a la Guerra Civil de España) y que hasta la fecha es la más difundida (especialmente por DeBolsillo-Penguin y otras editoriales poco reconocidas). Quizá es la traducción que más libertades se permite, reagrupa oraciones y omite bromas y sarcasmo de la obra original.
Traducciones posteriores son:
- La de Benjamin Briggent, el traductor de cabecera de las obras de Austen para Editorial Plutón, algunas de las cuales forman parte de la colección Novelas Eternas, y que para los más exigentes resulta deficiente, aunque como ya se habrán dado cuenta, esto aplica para prácticamente todas las traducciones. El parecido con el trabajo de Oyarzabal es inmenso, por lo que se podría considerar una revisión de la traducción de 1921 (básicamente reordena algunos párrafos).
- La de Miguel Ángel Pérez Pérez para Alianza Editorial, la cual para muchos es su preferida y con el respaldo de Alianza podemos tener plena confianza, varios lectores coinciden en que el humor que Austen proyecta en su novela se mantiene en esta traducción.
- La de Guillermo Lorenzo para Editorial Alba (traducción cedida a RBA), quizá la más aceptada y reconocida. Sabemos que Alba es sinónimo de garantía y en este caso tampoco decepciona, aunque para algunos el trabajo tiene un tono más serio respecto al inglés original, sin embargo, es la que más respeta la obra de Austen.
- Existen otras traducciones menos difundidas y no muy comunes actualmente como la de Héctor E. Casali para editorial Acmé (1944) y la de César Aira para Editorial Sudamericana (1978). Mención especial merece la traducción de Roberto Mares para Editorial Tomo (2011), ya que podría considerarse una revisión del trabajo de Guillermo Lorenzo (o plagio).

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